Ir al contenido principal

Sobre el tedio que muestra Herta




Existe el tedio de los metros de pasillo caminados hacia ningún sitio,

el tedio de los que siempre llegan tarde y disimulan su cobardía.

Existe el tedio de mirar por la ventana y ver siempre lo mismo.

El de las horas muertas imposibles de pasar por muertas.

Existe el tedio del sonido de fondo, como un animal que respira.

El tedio de la falta de afecto, a nadie le importa nadie.

Existe el tedio de no saber cómo ordenar los pensamientos y el tiempo, esa locura.

El tedio de tener que mentir, como si nada pasara.

El de no perdona al sueño, sentada en una silla,

el tedio de no tener nada que hacer,

pero escribir.

Comentarios

Sergio García ha dicho que…
...pero escribir... y leerte, que nunca es tedio. Gran texto Pepa. Un abrazo
Pepa ha dicho que…
Muchas gracias, Sergio. Otro abrazo para ti, leyendo a Herta Müller ;-)
Kiddo ha dicho que…
El tedio insuperable de no dar con la palabra adecuada, con la expresiòn precisa, de no correr ni tener prisa.
Pepa ha dicho que…
Kiddo, me alegra mucho tu visita, hacía tiempo que no pasabas por aquí, gracias!! un abrazo.
Kiddo ha dicho que…
Es tan intermitente mi oportunidad de andar por el mundo del blog ultimamente, pero este es de mis favoritos, siempre vuelvo. Un abrazo.
Pepa ha dicho que…
Otro abrazo de vuelta para ti y muchas gracias, me llena de alegría que te guste pasar por aquí. Suerte.

Entradas populares de este blog

Renacimiento 1

Al atardecer la luz me recuerda quien soy.

Variaciones sobre un monólogo

Foto SP I  Estaba de acuerdo con sus pensamientos solo cuando guardaba silencio. II Me preguntó qué era de mí, cómo estaba, qué tal me había ido, pero no para escucharme, sino para fundar en un periquete su  monólogo. Sin dejarme resollar detalló, con toda exactitud, qué tal le había ido a él. III Solo cuando callaron estuvo de acuerdo con su forma de opinar.

Se abre el telón

Un lunes por la mañana, en la copa del naranjo, se posó un mirlo. Cerré la cortina el lunes por la tarde, y allí seguía el mirlo, navegando entre las ramas de su amado naranjo.