Sus dibujos brillan como los ojos de un gato, parecen dispuestos a colocarse de un salto en el ala del tejado, para ver todo desde arriba y cambiar el punto de vista, piensa. Desde abajo, pisoteada en la puerta, le queda grande la vida.
No tienen más que hacer que esperar. Esperar a que llegue el invierno. Y con los primeros rayos de frío sobre una ciudad desconocida dibujar un mapa de paseos y encuentros y esperar. Hasta encontrarse más tarde, sentados en las escaleras de una plaza. Se ven venir a lo lejos y bajo el pilar de un puente se protegen de la lluvia, y hasta luego. Pues saben que en algún lugar futuro al final de la calle de la espera siempre habrá un refugio para cuando llegue el invierno.
como una ráfaga de luz se desvaneció entre mis dedos el tiempo sin querer imaginarlo así los días transcurren como en una vía de tren guiados por los sábados y domingos por los meses y los años y al final parece que sube y luego que vuelve a subir como un tiempo en el tren veo pasar el paisaje y muevo la cabeza para no perderme nada
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