Como un gato que abandonaba temporalmente la morada que le cobija, se aventuró a salir de su resguardo de palabras y papeles. Pero, a diferencia del gato, no recordaba el camino de vuelta.
Muchas veces he querido anotar en mi libreta un pensamiento perdido minutos antes, sin que haya encontrado la manera de llagar hasta él. Y después ya no he podido recuperarlo. Sin duda, habría que construir pasadizos de aire que nos llevasen hacia esos pensamientos que una vez se perdieron. O un tobogán, mejor. Sí, por qué no... un tobogán para abalanzarnos sobre ellos.
Si un pensamiento se aleja de las palabras, que son su natural refugio, se acabará perdiendo sin remedio, pues en aquéllas se fijan los pensamientos y emociones, aunque, a menudo, a uno le parezca que el lenguaje no puede expresar todo lo que uno piensa o siente. A mí, alguna vez, me ha sucedido lo mismo que a Isidro; se me ocurre un verso, una frase que no apunto, confiando en mi memoria, y que después no logro recordar y se acaba perdiendo, irremediablemente, en el olvido.
Alguna vez he escuchado que el poema sigue a su autor hasta que se convierte en palabras, y no lo abandona hasta que es atrapado, pero creo que si no lo escribes, por mucho que te siga, terminará perdiéndose. Me gustó, Isidro, ese tobogán para abalanzarse sobre los pensamientos, es más divertido que sentarse ante un papel en blanco con el lápiz afilado. Ramiro, muchas gracias por confirmar el olvido, un abrazo a los dos.
Anotó en la libreta una lista de detalles, todo lo que quería hacer antes de partir. Incluyó la fecha en el repaso, para no olvidar nunca en qué momento lo decidió.
*
Permanecer sentada cuando todos estaban de pie, ese fue su único acto de rebeldía.
*
Es una solitaria porque siempre está contigo.
En un jardín, dos niños pequeños descubren a una cría de gato. Se agachan lentamente, juntan sus dedos índice y pulgar y, acercándolos al gato, balbucean unas sílabas en ningún idioma. El gato les responde con un sonido. Sólo ellos conocen ese hablar.
Se entretuvo hace tiempo en la sombra que la luz en la pared dibujaba, cuando alguien entró y dijo muerte casi cerró la ventana. Ahora cada vez que se acuesta y la luz en su abandono juega se entretiene contando las horas de luz que le restan. Hasta que otra vez se abran de nuevo la luz y la ventana y la sombra se borre para siempre pues de eso se trataba.
Comentarios
Hermosa foto y hermoso poema.
Saludos cordiales.
Me gustó, Isidro, ese tobogán para abalanzarse sobre los pensamientos, es más divertido que sentarse ante un papel en blanco con el lápiz afilado.
Ramiro, muchas gracias por confirmar el olvido, un abrazo a los dos.