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Bordes deshilachados 28





Tres recuerdos te acompañan y no sabes qué hacer con ellos. No tienen conexión aparente, ni encajan en una historia más larga. Tampoco sirven para una corta, no tienen importancia, pero los llevas contigo como si fueran una carga. Tal vez si los escribieras te librarías de ellos, pero parece que te gusta saber que están ahí, creer que son hitos que debes recordar, momentos que visitar para no olvidar quién eres. Pero mirar desde una esquina el edificio en ruinas, sentir el sol en el cristal del agua y la piscina navegando en  los ojos de una niña, no lo recordarás más.

*
Cuando espero en la calle pierdo la propiedad de ser. Los que pasan me miran, ellos saben también que no me pertenezco, saben que espero, que no soy de ellos, ni de mí, ni del tiempo. Vengo a lo lejos.



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Al otro lado

Acostumbrado al peligro saltó vallas y espinas chocó contra personas y muros murió por causas injustas pero nació en ese instante al otro lado de la sombra.

La respuesta

A veces las casas y las calles no son la respuesta, a veces tampoco es la montaña a lo lejos, verde, pero esperando el agua que no llega. Tampoco la forma de las nubes en ángel gigante que fabrica el viento que viene de África, el que trae la arena que envuelve el cielo como un velo que no deja respirar. Entonces tiene que ser la gente, que desde este balcón no veo, pero intuyo dentro de sus casas o conduciendo los pequeños coches que cosen la autopista lejana, la respuesta a este sin sentido tienen que ser ellos, con sus movimientos silenciosos, ese ir y venir que busca el mismo ángel en la forma de las casas, de las calles o en el cielo que nos muestre la respuesta.

oh cielos