Ir al contenido principal

 

 

La mano de Doce

La mano no pertenece al cuerpo, pertenece al gesto de la palabra. Una mano de cuadro prerrafaelita, que otorga en este momento a los detalles, refinamiento, tono y espejismo y el mismo valor al mecanismo simbólico primero, que a cada palabra tratada con su exactitud. Una mano limpia, que parece que habla.

En una mano, casi todas las palabras puras. Casi todas las puras palabras, en su mano.

En medio de los comensales, detrás de una ventana que se abre, fulgura una angelical y marmórea luz, que no se apaga. Bendice la mesa con palabras. 

  (Éramos trece y no en la última, sino en la primera cena)

Foto: Captura de la mano, foto de Isidro Hernández, 2022.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Renacimiento 1

Al atardecer la luz me recuerda quien soy.

Variaciones sobre un monólogo

Foto SP I  Estaba de acuerdo con sus pensamientos solo cuando guardaba silencio. II Me preguntó qué era de mí, cómo estaba, qué tal me había ido, pero no para escucharme, sino para fundar en un periquete su  monólogo. Sin dejarme resollar detalló, con toda exactitud, qué tal le había ido a él. III Solo cuando callaron estuvo de acuerdo con su forma de opinar.

Se abre el telón

Un lunes por la mañana, en la copa del naranjo, se posó un mirlo. Cerré la cortina el lunes por la tarde, y allí seguía el mirlo, navegando entre las ramas de su amado naranjo.