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De toda la vida






Aquí ladran los perros de toda la vida.

Detrás de la televisión del vecino,

de las voces exaltadas de los niños,

de los que vuelven corriendo a casa y gritan en la noche.

Siempre se escucha un ladrido.


Aquí en la tarde de su casa, desde el cuarto de su tiempo,

a veces es llamada, a veces es vacío,

pero siempre ladra un perro

porque el perro está por dentro.

Por el día son los pájaros

y moverse las ramas por el viento.

Solo es eso.

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Al otro lado

Acostumbrado al peligro saltó vallas y espinas chocó contra personas y muros murió por causas injustas pero nació en ese instante al otro lado de la sombra.

La respuesta

A veces las casas y las calles no son la respuesta, a veces tampoco es la montaña a lo lejos, verde, pero esperando el agua que no llega. Tampoco la forma de las nubes en ángel gigante que fabrica el viento que viene de África, el que trae la arena que envuelve el cielo como un velo que no deja respirar. Entonces tiene que ser la gente, que desde este balcón no veo, pero intuyo dentro de sus casas o conduciendo los pequeños coches que cosen la autopista lejana, la respuesta a este sin sentido tienen que ser ellos, con sus movimientos silenciosos, ese ir y venir que busca el mismo ángel en la forma de las casas, de las calles o en el cielo que nos muestre la respuesta.

oh cielos