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Bordes deshilachados 35










Los dos son viejos. Él cojea. Se separan en la esquina donde ella permanece vigilante. Desde allí le grita que vaya rápido. Él lo intenta. Corre calle abajo para que no le cierre una tienda y porque ella le sigue con la mirada, como si su mirada fuera un hilo del que él se agarra.Así, logro ver qué les une.

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Cada persona por dentro vale lo que su estima le permite. Por fuera, lo que los modelos exigen. En conjunto valemos una ciudad, un país o un pueblo. Por separado, según los acuerdos, todos valemos lo mismo. En la familia, en cambio, cada uno tiene un precio. Con los amigos puede haber diferencias, pero al pasar por la calle, todos somos lo mismo. A veces valemos según el peso de nuestras ideas, otras del de nuestra cartera. Queda claro entonces que la valía de una persona también está sometida a las presiones del mercado. 

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En los días de verano siempre coinciden los agujeros con las despedidas, como si al hacer sitio se contrajera el universo en una maleta, en una puerta que se cierra o en el sonido de un coche que se aleja.




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Al otro lado

Acostumbrado al peligro saltó vallas y espinas chocó contra personas y muros murió por causas injustas pero nació en ese instante al otro lado de la sombra.

La respuesta

A veces las casas y las calles no son la respuesta, a veces tampoco es la montaña a lo lejos, verde, pero esperando el agua que no llega. Tampoco la forma de las nubes en ángel gigante que fabrica el viento que viene de África, el que trae la arena que envuelve el cielo como un velo que no deja respirar. Entonces tiene que ser la gente, que desde este balcón no veo, pero intuyo dentro de sus casas o conduciendo los pequeños coches que cosen la autopista lejana, la respuesta a este sin sentido tienen que ser ellos, con sus movimientos silenciosos, ese ir y venir que busca el mismo ángel en la forma de las casas, de las calles o en el cielo que nos muestre la respuesta.

oh cielos