Un escritor que ya no tenía nada que decir desapareció dejando tras de sí el cuerpo que había escrito.
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Para que cada vez que llenamos la jarra con agua estemos llenando la jarra con agua se ha discutido mucho.
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Se despidió de aquella ciudad leyendo en el sillón trasero del taxi y solo dejó que la ciudad se despidiera de él con el parloteo de las ruedas contra los adoquines.
1 comentarios:
Buenos los tres. Preciso y novelesco el último.
Verónico Sam
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