Si un día el refugio se convierte en jaula
es porque tienes miedo.
No temas, volverá todas las tardes otro mirlo
para recordártelo.
Si un día el refugio se convierte en jaula
es porque tienes miedo.
No temas, volverá todas las tardes otro mirlo
para recordártelo.
Sus dibujos brillan como los ojos de un gato,
parecen dispuestos a colocarse de un salto en el ala del tejado,
para ver todo desde arriba y cambiar el punto de vista, piensa.
Desde abajo, pisoteada en la puerta, le queda grande la vida.
Me gustaría dejar dormidas a las palabras en mi cama,
aunque sería mejor barrerlas como a la azotea de mi casa.
Mi casa tiene una azotea,
desde allí diviso y hago
como si mantuviera el orden.
Me parezco a la casa, pero no soy.
El pasillo lleno de palabras, pero no son.
Pensamientos que quieren abrir ventanas que no son ventanas.