Ir al contenido principal

Sobre el funcionamiento de la caja







Dentro de la caja de las fotografías se mezclan las imágenes en blanco y negro de la mamiya con las polaroid de la playa y las fotos en color del último viaje. Cumpleaños, despedidas y nacimientos conviven con los padres, los amigos y el paisaje.

Encima de una cara de anteayer hay otra cara de los años ochenta, detrás, una foto de los niños en la montaña. En el fondo de la caja, fotografías que no se conocen, chocan también sus caras, hablan y tal vez regresan.

El hijo creció dentro de la caja. La madre se casó con el padre dentro de la caja. El abuelo murió, los amigos van y vienen, pero todos están dentro de la caja.

Un día pensó en ordenar las fotografías en un álbum, en la línea del tiempo, pero prefirió el caos como memoria.


Comentarios

Lisi ha dicho que…
Yo también tengo una caja, que a su vez está llena de sobres en los que guardo por separado imágenes de diferentes momentos. Quizá algún día, con calma, las coloque en un albúm siguiendo esa línea del tiempo... o no.
Besos.
Pepa ha dicho que…
Gracias por la visita, Lisi, un beso.
Kiddo ha dicho que…
La línea del tiempo es borrosa una vez pasado el momento. Mejor que convivan los recuerdos y que tengan en la caja sus propias histórias.
Pepa ha dicho que…
Sí, Kiddo, lo que pasa se difumina y se mezcla en la memoria, como en la caja. Gracias por la visita!

Entradas populares de este blog

Bordes deshilachados I

Me gusta el verano porque, mientras conduces, tocas mis piernas. * Mi mente está vacía pero no sé si es un logro o una venganza. * Dos perros se cruzan en mi camino, uno podría ser yo, el otro también. * A través de la ventana veo unas piernas que se alejan en la calle y la vida a la altura de la acera, a la altura de esas piernas, de una rueda. Tengo que mudarme de este sótano.

La hoguera

Esta luz, que escribe en el aire, es tu luz, la hoguera, que escribe en el aire.

Los desconocidos

Parece que hablan otro idioma pero les pasa que se desconocen a sí mismos.

La calle de la espera

No tienen más que hacer que esperar. Esperar a que llegue el invierno. Y con los primeros rayos de frío sobre una ciudad desconocida dibujar un mapa de paseos y encuentros y esperar. Hasta encontrarse más tarde, sentados en las escaleras de una plaza. Se ven venir a lo lejos y bajo el pilar de un puente se protegen de la lluvia, y hasta luego. Pues saben que en algún lugar futuro al final de la calle de la espera siempre habrá un refugio para cuando llegue el invierno.