Es verdad, nadie se conoce, eso está claro, y que esa imposibilidad nos aleja también de los demás, también está claro. Lo que pretendía con estas palabras era reconocer ese conflicto, es decir, cuando las personas no nos entendemos creemos que es el otro el responsable, y el problema también reside en nosotros. Gracias por la visita.
Este poema tiene algo de círculo: los desconocidos que se desconocen a sí mismos. Parece habitar una sugestiva frontera, entre el dolor y la aceptación.
Muchas gracias, Bruno. Creo que saber reconocer qué es lo que separa a las personas es el comienzo para un reconocimiento futuro. Y si, hay dolor al ser conscientes de esa incapacidad y aceptación, como la única forma para empezar a andar por el camino de conocerse.
Iván Cabrera ha dicho que…
En verdad no nos conocemos del todo, si no no habría aventura. Una de las grandes experiencias de nuestra vida quizá sea la de llegar a conocernos algún día, y luego la de llegar a reconocernos: es quizá la única forma de relacionarnos con los demás para salir con ellos al jardín. Saludos muy afectuosos.
Sus dibujos brillan como los ojos de un gato, parecen dispuestos a colocarse de un salto en el ala del tejado, para ver todo desde arriba y cambiar el punto de vista, piensa. Desde abajo, pisoteada en la puerta, le queda grande la vida.
Como un gato que abandonaba temporalmente la morada que le cobija, se aventuró a salir de su resguardo de palabras y papeles. Pero, a diferencia del gato, no recordaba el camino de vuelta.
Comentarios
Enhorabuena.
Saludos