Un lunes por la mañana, en la copa del naranjo, se posó un mirlo. Cerré la cortina el lunes por la tarde, y allí seguía el mirlo, navegando entre las ramas de su amado naranjo.
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Comentarios
Waldo ha dicho que…
Un lunes eterno ese lunes en que un mirlo navegaba entre las ramas de un naranjo.
El espíritu de Bodhidharma parece habitar este blog.
Quiero agradecerte tu poema con otro de Kyoshi:
"En el viento de otoño cada cosa que miro es un haiku."
Es verdad que mirar alimenta, con fijarse un poco te das cuenta que está todo lleno de cosas que te llenan, gracias Sergio por tu constancia.
Iván Cabrera ha dicho que…
No hay mayor eternidad que la del instante: al contrario que nosotros, quizá el mirlo sentía que acababa de llegar al naranjo, y era fascinante: no había mañana ni tarde. Abrazos.
Sus dibujos brillan como los ojos de un gato, parecen dispuestos a colocarse de un salto en el ala del tejado, para ver todo desde arriba y cambiar el punto de vista, piensa. Desde abajo, pisoteada en la puerta, le queda grande la vida.
Como un gato que abandonaba temporalmente la morada que le cobija, se aventuró a salir de su resguardo de palabras y papeles. Pero, a diferencia del gato, no recordaba el camino de vuelta.
Comentarios
El espíritu de Bodhidharma parece habitar este blog.
Quiero agradecerte tu poema con otro de Kyoshi:
"En el viento de otoño
cada cosa que miro
es un haiku."
Gracias y enhorabuena.
Si que es eterno ese lunes, podría ser cualquier día en el que sucede todo, tantas cosas que observar.
Saludos.