Ir al contenido principal

Se abre el telón



Un lunes por la mañana,
en la copa del naranjo, se posó un mirlo.
Cerré la cortina el lunes por la tarde,
y allí seguía el mirlo,
navegando entre las ramas de su amado naranjo.


Comentarios

Waldo ha dicho que…
Un lunes eterno ese lunes en que un mirlo navegaba entre las ramas de un naranjo.

El espíritu de Bodhidharma parece habitar este blog.

Quiero agradecerte tu poema con otro de Kyoshi:

"En el viento de otoño
cada cosa que miro
es un haiku."

Gracias y enhorabuena.
Pepa ha dicho que…
Hermoso poema, Waldo, muchas gracias.
Si que es eterno ese lunes, podría ser cualquier día en el que sucede todo, tantas cosas que observar.
s ha dicho que…
Restituye la vida la fugaz contemplación de esa estampa.

Saludos.
Pepa ha dicho que…
Es verdad que mirar alimenta, con fijarse un poco te das cuenta que está todo lleno de cosas que te llenan, gracias Sergio por tu constancia.
Iván Cabrera ha dicho que…
No hay mayor eternidad que la del instante: al contrario que nosotros, quizá el mirlo sentía que acababa de llegar al naranjo, y era fascinante: no había mañana ni tarde. Abrazos.

Entradas populares de este blog

Bordes deshilachados I

Me gusta el verano porque, mientras conduces, tocas mis piernas. * Mi mente está vacía pero no sé si es un logro o una venganza. * Dos perros se cruzan en mi camino, uno podría ser yo, el otro también. * A través de la ventana veo unas piernas que se alejan en la calle y la vida a la altura de la acera, a la altura de esas piernas, de una rueda. Tengo que mudarme de este sótano.

La hoguera

Esta luz, que escribe en el aire, es tu luz, la hoguera, que escribe en el aire.

Los desconocidos

Parece que hablan otro idioma pero les pasa que se desconocen a sí mismos.

La calle de la espera

No tienen más que hacer que esperar. Esperar a que llegue el invierno. Y con los primeros rayos de frío sobre una ciudad desconocida dibujar un mapa de paseos y encuentros y esperar. Hasta encontrarse más tarde, sentados en las escaleras de una plaza. Se ven venir a lo lejos y bajo el pilar de un puente se protegen de la lluvia, y hasta luego. Pues saben que en algún lugar futuro al final de la calle de la espera siempre habrá un refugio para cuando llegue el invierno.