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 No hay plumas sin aire.

Dos mirlos pelean sobre el territorio, uno muere en el jardín, cuatro plumas recojo, pero en el asfalto, alguien me mira desde un balcón, no es una adivinanza, soy nueva en el barrio, cuando llegué el mirlo ya vivía aquí.

Desde la acera fotografío lo que no puedo compartir, le escribo estas líneas.


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