Una niña idéntica a la Sonia de Vania en la calle 42 , atraviesa el mar de Chéjov y Louis Malle hasta llegar a la mesa de este restaurante perdido. Ella ignora que su cara, como tantas otras caras, confirma una certeza: que la naturaleza se aburre, y como decía Wislawa, pone caras de segunda mano. "Tu cara, la mía, la de quién – no lo sabrás nunca.” Hoy la naturaleza ha puesto la cara de Wislawa en otra cara.
Comentarios