1.3.10

Las telas





Ha venido la araña de nuevo a visitarme,

esta vez sí estoy conforme con su plan:

Entre las dos llenar con telas la casa

para no olvidar de qué estamos hechas.


12 comentarios:

Ramiro Rosón dijo...

Sin duda, nuestra manera de percibir el mundo guarda cierta semejanza con la formación de una telaraña. Nuestra conciencia es una red de memorias, emociones, anhelos y pensamientos, tejida con el hilo de la experiencia, que va creciendo con el paso del tiempo.

Acertado poema. Saludos cordiales.

Sergio dijo...

Muy bueno, María José. Y la foto también. Tiene potencia la conjunción.

saludos

María José Alemán dijo...

Gracias, Ramiro, me ha gustado mucho la interpretación que has hecho.

Sergio, gracias por la visita y por el ánimo, es un lujo.
La imagen está tomada recientemente en la feria ARCO. Esta fue una de las piezas que más llamó mi atención, pero al sacar la foto, nos despistamos de anotar el nombre del autor, una pena y un despiste imperdonable.

Gustavo dijo...

Muy bueno el texto y la imagen. Quiza las arañas ya estaban y tejian tranquilamente sus telas . Quiza fuimos nosotros los que las invadimos a ellas construyendo casas, edificios, etc
Un abrazo.

Joaquín Jesús dijo...

Para olvidar que estamos solas.

Kiddo dijo...

Y que esas telas sean ademas hermoso hornamento tejido con pequeños trozos de la vida donde habrá nudos más complicados que otros, que al final harán lucir más la labor.

Saludos.

María José Alemán dijo...

Las arañas están por todas partes. Las que habitan en las casas son muy pequeñas y casi no las vemos pero sabemos que están por las telas que dejan. Siempre me he sentido acompañada por esas telas, sugieren muchas cosas. Gracias por vuestra visita, Gustavo, Joaquin Jesus y Kiddo, un saludo.

JAY dijo...

Te encontre...como araña me quedo...

María José Alemán dijo...

Jay, bienvenida, saludos hilados.

RosaMaría dijo...

Una muy buena analogía. Un abrazo.

María José Alemán dijo...

Rosa María, muchas gracias por tu visita y tu comentario, un saludo.

Iván Cabrera dijo...

No compitamos con la araña: cada quien teje su laberinto según las medidas que le pide su soledad, su apetito de silencio. Mágica alianza entre fotografía y texto, admirablemente lograda.